jueves, 5 de junio de 2014

La solución siempre es el AMOR



Me gusta ver cosas diferentes. Cosas que me lleguen. Que me den que pensar y sobre todo que, de alguna manera sean hermosas. Odio las cosas feas. Lo siento, es así. Pero no. En realidad no lo siento.

Y, también, como es de esperar, me gusta que mi hija las vea.  Siento la necesidad imperiosa de llenar su vida de belleza, risas, purpurina y luces. Considero que, desgraciadamente,  la vida y el tiempo se encargarán de compensar tanta maravilla. Así que en cuanto a visualizar dibujos animados,  Disney  innegablemente, es genial, pero en ocasiones, satura. O tal vez es que ya estamos saturados de antemano.  Por tanto siempre ando a la busca y captura de otras opciones algo más refrescantes. De esta manera fue como encontré a unos estupendos  amigos animados. Dulcísimos y maravillosos personajes, con los que Elvira y yo hemos hecho buenas migas.

Sus nombres son  Totoro, Kirikú , Ponyo y, Azur y Asmar

No hubiese dado por ellos de no ser por los buenos  consejos de un amigo o, como es el caso de Kiriku , Asmar y Azur,  por  el ansia investigadora que me invade siempre, y el aburrimiento del que soy constante víctima.

Totoro y Ponyo son primos hermanos en cuanto a dibujo, música, y dulzura. Son historias de niños, con niños que hacen cosas de niños. Pero, totalmente aptas para adultos. Como si estuviesen hechas dos veces. La banda sonora está hecha para que la oiga el corazón y no los oídos. No hay sonidos chirriantes, es una música que describe y se desliza  entre las escenas y por debajo de la piel.
 Los niños se deleitan con ellos. Esa es la única palabra que puedo usar para describir la expresión de la cara de mi hija cuando los ve. Los mayores piensan y disfrutan con unos trasfondos muy hondos y unos mensajes muy completos.

Sobre Totoro, se han escrito verdaderas barbaridades . Desconozco si ciertas o no. Quiero creer que son toda conjetura, imaginaciones y/o exageraciones,  que anhelan dar mayor trascendencia aún, diría yo,  a la historia. Se basan en el autor, en su vida y en la mitología que los  acompaña, aunque sea en un segundo plano. Si uno siente curiosidad o, le  interesa saber algo más, está bien que se indague y se lean todas esas elucubraciones. Pero sinceramente opino que no es en absoluto necesario hacerlo, pues Totoro y sus dos niñas protagonistas, enamoran sin necesidad de nada mas.   Y, si se busca trascendencia, una historia que tenga algo más que contar, o,  un mensaje, también lo tiene. Totoro además,  nos ofrece una lección del amor cotidiano, para los adultos. Sobre todo para los padres.

Ponyo es amoroso desde el principio. El niño protagonista es un niño más de los que podemos ver por la calle. Los ojos de mi hija se funden con los suyos. Sonríe cuando él sonríe y, la preocupación aflora en su rostro cuando  se le dibuja a ese niño que ya es de la familia.  Ponyo, además, es un reflejo extraño de nosotros mismos. Hay escenas  que desde luego, un niño no puede comprender, o, al menos apreciar en su totalidad. Y tal vez por eso, a los mayores nos impactan tanto.  En Ponyo el mensaje es también el Amor. Desde el principio hasta el final. Es una verdadera historia de Amor.

Kiriku fue una sorpresa total para mí. Su diseño brillante, definido y muy fresco, resultó ser un verdadero regalo para mis pupilas. La historia de Kiriku es una historia cruel y hermosa. En ella es el Amor, el protagonista, en sus varias facetas. Y es el conductor de la historia junto con la valentía. Ambos dan como resultado el coctel más irresistible del mundo.  En la historia se nos ofrece  una explicación a un comportamiento  fruto de un intenso  dolor  que casi siempre convive camuflado  en las vidas de más mujeres de las que desearíamos. Y, aunque los sucesos  se desarrollan en África, y, el dibujo presenta esa caracterización, se puede extrapolar a cualquier lugar del mundo. Es por supuesto  también, una espantosa denuncia de algo que ocurre allí y aquí. Abusos de poder que destrozan vidas. Violaciones de cuerpos espíritus, etnias, e historias. Se nos descubre al final y, consigue ensombrecernos el alma. Pero la historia no deja de ser optimista, porque aunque el mal, una vez hecho, no tiene vuelta atrás, y las victimas han de cargar con las consecuencias toda su vida, en la historia de Kiriku y en el mundo entero, hay algo puede sanar si no al completo casi . Y ese algo es una vez más el AMOR.

Azur y Asmar, son unos dibujos complicados para niños, pero aun así, creo que nuestros hijos están dotados de las herramientas necesarias para  saborear la belleza que nos regalan. Tal vez, el mensaje aun no esté a su alcance, pero desde luego, si al nuestro. Y, eso a veces es más que suficiente, porque  ellos  como bien sabéis, siguen nuestros pasos.