Me gusta ver
cosas diferentes. Cosas que me lleguen. Que me den que pensar y sobre todo que,
de alguna manera sean hermosas. Odio las cosas feas. Lo siento, es así. Pero
no. En realidad no lo siento.
Y, también,
como es de esperar, me gusta que mi hija las vea. Siento la necesidad imperiosa de llenar su
vida de belleza, risas, purpurina y luces. Considero que, desgraciadamente, la vida y el tiempo se encargarán de compensar
tanta maravilla. Así que en cuanto a visualizar dibujos animados, Disney innegablemente, es genial, pero en ocasiones,
satura. O tal vez es que ya estamos saturados de antemano. Por tanto siempre ando a la busca y captura de
otras opciones algo más refrescantes. De esta manera fue como encontré a unos
estupendos amigos animados. Dulcísimos y
maravillosos personajes, con los que Elvira y yo hemos hecho buenas migas.
Sus nombres
son Totoro, Kirikú , Ponyo y, Azur y
Asmar
No hubiese dado
por ellos de no ser por los buenos consejos de un amigo o, como es el caso de
Kiriku , Asmar y Azur, por el ansia investigadora que me invade siempre,
y el aburrimiento del que soy constante víctima.
Totoro y
Ponyo son primos hermanos en cuanto a dibujo, música, y dulzura. Son historias
de niños, con niños que hacen cosas de niños. Pero, totalmente aptas para
adultos. Como si estuviesen hechas dos veces. La banda sonora está hecha para
que la oiga el corazón y no los oídos. No hay sonidos chirriantes, es una música
que describe y se desliza entre las
escenas y por debajo de la piel.
Los niños se deleitan con ellos. Esa es la única
palabra que puedo usar para describir la expresión de la cara de mi hija cuando
los ve. Los mayores piensan y disfrutan con unos trasfondos muy hondos y unos
mensajes muy completos.
Sobre Totoro,
se han escrito verdaderas barbaridades . Desconozco si ciertas o no. Quiero
creer que son toda conjetura, imaginaciones y/o exageraciones, que anhelan dar mayor trascendencia aún, diría
yo, a la historia. Se basan en el autor,
en su vida y en la mitología que los acompaña,
aunque sea en un segundo plano. Si uno siente curiosidad o, le interesa saber algo más, está bien que se
indague y se lean todas esas elucubraciones. Pero sinceramente opino que no es
en absoluto necesario hacerlo, pues Totoro y sus dos niñas protagonistas,
enamoran sin necesidad de nada mas. Y, si se busca trascendencia, una historia que
tenga algo más que contar, o, un
mensaje, también lo tiene. Totoro además, nos ofrece una lección del amor cotidiano,
para los adultos. Sobre todo para los padres.
Ponyo es
amoroso desde el principio. El niño protagonista es un niño más de los que
podemos ver por la calle. Los ojos de mi hija se funden con los suyos. Sonríe cuando
él sonríe y, la preocupación aflora en su rostro cuando se le dibuja a ese niño que ya es de la
familia. Ponyo, además, es un reflejo
extraño de nosotros mismos. Hay escenas
que desde luego, un niño no puede comprender, o, al menos apreciar en su
totalidad. Y tal vez por eso, a los mayores nos impactan tanto. En Ponyo el mensaje es también el Amor. Desde
el principio hasta el final. Es una verdadera historia de Amor.
Kiriku fue
una sorpresa total para mí. Su diseño brillante, definido y muy fresco, resultó
ser un verdadero regalo para mis pupilas. La historia de Kiriku es una historia
cruel y hermosa. En ella es el Amor, el protagonista, en sus varias facetas. Y
es el conductor de la historia junto con la valentía. Ambos dan como resultado
el coctel más irresistible del mundo. En
la historia se nos ofrece una explicación
a un comportamiento fruto de un intenso dolor que casi siempre convive camuflado en las vidas de más mujeres de las que desearíamos.
Y, aunque los sucesos se desarrollan en África,
y, el dibujo presenta esa caracterización, se puede extrapolar a cualquier
lugar del mundo. Es por supuesto también,
una espantosa denuncia de algo que ocurre allí y aquí. Abusos de poder que
destrozan vidas. Violaciones de cuerpos espíritus, etnias, e historias. Se nos
descubre al final y, consigue ensombrecernos el alma. Pero la historia no deja
de ser optimista, porque aunque el mal, una vez hecho, no tiene vuelta atrás, y
las victimas han de cargar con las consecuencias toda su vida, en la historia
de Kiriku y en el mundo entero, hay algo puede sanar si no al completo casi . Y
ese algo es una vez más el AMOR.
Azur y
Asmar, son unos dibujos complicados para niños, pero aun así, creo que nuestros
hijos están dotados de las herramientas necesarias para saborear la belleza que nos regalan. Tal vez,
el mensaje aun no esté a su alcance, pero desde luego, si al nuestro. Y, eso a
veces es más que suficiente, porque
ellos como bien sabéis, siguen
nuestros pasos.
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