martes, 13 de enero de 2015

Deseo que Vivas.



Espero que Vivas.

Hace semanas que pasó, pero lo sigues notando en cada rincón. Hay cosas en tu casa que parecen vibrar cuando pasas a su lado recordártelo todo forzosamente. La calle contiene rincones por los que no te queda otra, que pasar todos los días. Y, todos los días los miras, melancólica, añorante, furiosa. Te gustaría bombardearlos, pero en realidad los acaricias con una mano como si pudieses sentirlo todo, otra vez.

No puedes olvidar. No quieres hacerlo, en realidad. Que la herida cure, pero no que desaparezca la cicatriz.
No puedes respirar. No  comprendes como los demás lo hacen.
No puedes comer, no tienes necesidad. Te alimentas de lágrimas, deseos, de recuerdos y de anhelos.
No puedes dormir. Necesitas ese tiempo para traer contigo esas sensaciones, para analizarlo todo, para saboréalo todo, tu sola, a solas con tu almohada empapada.
No necesitas hablar. No tienes nada que contar. Solo que sentir.

Los expertos, comparan el dolor de una separación con el de una muerte. El de un periodo que acaba, con el de una ruptura. La vida es cambio. Los cambios muchas veces causan dolor. Sus  síntomas son similares y, el proceso que siguen las personas sanas, también.
Se corre el riesgo de enfermar de melancolía, de depresión o de obsesión.
Para evitarlo solo debes saber qué te está pasando y, querer que pase  permitiéndole pasar.

La vida es muy intensa en muchos casos, y deja secuelas si la vives de esta forma. Las  consecuencias son una lotería y pueden ser gratas o  desagradables. Pero es algo inevitable si eres valiente y tu elección ha sido; vivir.

Debes saber que perderás. Pero que debes buscar las fuerzas y el valor  de  jugar de nuevo porque aquí hemos venido a jugar.
La vida te pulirá a golpes. Demuéstrales a los que esperan ver cómo te rompes, que nada te partirá en dos.
Si te abandonan, vuele a enamorarte otra vez,  de esa persona que te hará olvidar el vértigo a las alturas, a cambio de las vistas.
Llorarás. Hazlo sin miedo, hasta que te salgas de ti misma.  
Si tu mundo se da la vuelta, aprende a vivir boca abajo, ya que en algún momento, significara derecho de nuevo.
Quiero que sepas que la vida tiene luz. Solo tendrás que  dejarla  entrar.
Por mal que te sientas, nunca tires la toalla. Aunque   creas por un momento que nada puede ir peor debes saber  que será eso; un momento.
Te dirán mil veces adiós, y tendrás que aprender a decirlo. Pero debes perdonar. Porque también te perdonaran. El orgullo, destruye, más que crea.

Y, cuando te serenes, y encuentres de nuevo tu sitio, nunca mires tu pasado como una pérdida  de tiempo, ni creas que lo que tienes ahora  es mejor y lo de antes abominable. Nunca creas que fuiste idiota, o necio.  Todos fuimos príncipes y dioses en un momento, para alguien. Lo de ahora simplemente responde a tus necesidades actuales. Lo de antes, tenlo muy presente; sigue siendo tan maravilloso como lo fue para ti,  solo que ahora lo es para otros. Todos lo hemos sido todo para otros en su momento. Hemos  significado la vida, la esperanza una salida. No estuviste muerto jamás. Ni ahora estás más vivo. Respeta eso. Ama ese recuerdo.

Finalmente, levanta tu copa y brinda por los que se han ido, y por los que se quedan, que se quedan por algo. Brinda por tus decisiones acertadas, y también por las erróneas. Todo forma parte de ti. Ese tú tan adorable que eres ahora.

Mi deseo, mi lección mi aprendizaje, ese que te trasmito ahora, es;  que vivas.
Y que sobrevivas.
Y que te merezca la pena.

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