viernes, 28 de febrero de 2014

¿De que coño va la vida?

A ver… necesito una explicación y la necesito ya. Urgente. Y no cualquiera. No. No me vale un comentario farrullero, corto de entendederas, vacío o ambiguo. Soy lista. No demasiado ,pero sí algo. No me voy a conformar con cualquier cosa. Que tampoco  venga ningún mindundi a darme explicaciones. Quiero a alguien importante. Alguien al mando. Que haya meditado seriamente y en profundidad sobre esto, estudioso del asunto,  con autoridad. Y con valor.

Estoy deseando comprobar quien  gana esta dichosa batalla dialéctica  que me desespera.

Porque, veamos; el asunto de puro absurdo e incomprensible, me supera.
Me surgen mil preguntas atrapadas en siglos de silencios y aceptación a cada paso que doy.

Primera cuestión;
¿Qué estúpido inútil ha diseñado mis días? ¿Cómo es posible que apenas logre llegar a la noche sin maldecir mil veces en arameo y en cristiano a todo bicho andante que se cruza por mi camino?
Y, ¿A qué pinche del taller se le encomendaron  las noches, para que con su inútil  y torpe diseño no logre encontrar descanso o  consuelo, ni en el sueño?

Y, es que;
No puedo soportar ni un día más la mirada insolente y retadora de ese niño cuando me lo cruzo en el portal y miro a sus padres con una mezcla de desprecio  y asco, harta de sus gritos, de sus atronadoras fiestas, de su música infesta. Me duele su mirada. Esconde tanta vergüenza que consigue que también yo me avergüence y desvíe mis ojos, mas por respeto a su edad, que por temor a nada.

Me cago en toda la mierda, que comieron los padres de Thamara, que permiten que vea  como el hijo de puta de su padre le mete un navajazo a su madre. Y, como la meten a ella en un garaje frio, desangelado y sucio. ¿Dónde diablos están Servicios Sociales? ¿A qué cafetería de otro universo se han marchado hoy, para no ver esta tragedia? ¡Que no quiero más que coger  a la niña y llevármela a mi casa¡
¡Porque esto no puede ser, no puede ser¡

Que estoy hasta las narices de tu cara de tu aburrimiento, “estirao”, de tus horas muertas observando y criticando a todo lo que ves, desde esa esquina a la que no das ni un minuto de descanso. ¡Que te des calamonazos en la pared y dejes ya de espirar vidas ajenas! ¿Cómo será la tuya de sosa, que necesitas mil vidas para llenarla? Vete por ahí ya y déjanos en paz. ¡Que ni te va ,ni te viene¡

Y a ti,  el próximo día te voy a coger de los cuatro pelos esos grasientos que tienes. ¡Si, si, tu; funcionario  vago, incompetente y desagradable! Como no me mires a la cara cuando te pregunte cualquier cosa, te meto el dedo en el ojo para que ya no lo uses, pero  de verdad.  Es tu trabajo, ¿te enteras? Y yo mataría por tu puesto. ¡Desagradecido ¡

Y maldita la zorra canalla esa que en la esquina de Caritas se pone a pedir con un bebe de meses al que destapa los pies la  muy cerda, para provocar pena. Pena la que me das tú y tu falta de corazón. Pena la que me inunda al ver a tu bebe, que no debería ser tuyo.  Que no pude si no parar a ponerle por huevos, unos calcetines que llevaba de repuesto. Y tuviste la poca decencia de intentar evitarlo. La cara de mal bicho que puse, debió convencerte de que si querías seguir viva, me dejases ponérselos. ¡¡Asquerosa¡¡ Así te mueras de asco y le den esa criatura a alguien que la merezca más que tú. Desde luego, por mí no ha quedado. Te lo aseguro. Y te lo advierto.


Coño, pues me digo… a ver, veamos  una serie. Buenas críticas, buenos actores. Seguro que me desconecta de esta lacerante realidad. Y ya nada más empezar,  los pelos como escarpias, cuando compruebas que la trama consiste en relatar como  un desalmado secuestra niñas y luego las tortura. Con los ojos como platos, porque maldita sea mi suerte; no dejo de asombrarme, me quedo pegada al televisor con el dedo en el mando, presta a cambiar el canal a cualquiera que no intente  reventarme las tripas de bilis.
Pero presa del morbo y del asombro, allí sigo, sin cambiarlo. Pegada al sofá. Y la veo. Y no puedo respirar. Y al terminar cierro los ojos abrumada ante el letrero de los créditos que pone “Basado en un hecho real”
Y mil demonios reaparecen carcajeándose ante mis narices de nuevo.

No veo más que sufrimiento. ¿Porque no hay alguien que se compadezca de mí, y  me explique qué tipo de sádico dirige mis ojos para tener que verlo por todas partes?

¿Por qué en el parque hay niños con zapatillas de casa y ropa tres tallas más pequeñas?
¿Porque hay un gato con el culo fuera en mi portal, que se muere poco a poco?
¿Porque hay padres que miran como sus hijos tiran piedras a caballos famélicos, encerrados e indefensos?
¿Porque un hombre lloroso y avejentado  suplica  trabajo en un bar,  mientras el camarero ni le permite hablar, despidiéndolo fríamente y con desprecio?

Y, mientras compro algo de fruta, llega la abuela desgastada, hinchados los ojos de llorar, rosario en mano a pedir lo que sobre, porque tiene en su casa y a su cargo, a toda sus familia.
Para mis nietos, dice. …Y repiquetean sus palabras todo el día en mis oídos. Y me detesto. Y lo detesto todo. Quisiera cogerla en brazos y sentarla en el sofá, calentita al  brasero con un café humeante, matarla a besos y decirle; Tranquila señora, tranquila…
 Pero no puedo. Tristemente no puedo y, su amenaza presente en cada abuela, me da pavor. La noto tan cercana  que huyo asustada, corriendo  de nuevo, entre los quehaceres diarios y acallando a martillazos su boca cuarteada y seca.
Estoy hasta los cojones de ver mierda por todas partes. Cansada. Desesperada. Triste. Rabiosa.
Que no quiero más
Que no puedo más
¡Que me voy  de aquí¡
Que no puedo, en serio que no puedo más. Que me muero de pena, de asco y de rabia

Miro  a mi hija por las noches mientras duerme a mi lado y siento pavor. Se me antoja que me la quitan. Que desaparece, se volatiliza. Sueño que tiene hambre y frio. Y que no puedo hacer nada para evitarlo. Y lloro de felicidad al ver que sigue a mi lado, calentita, feliz. Que ningún animal me la ha quitado para sacarle los órganos o venderla como puta. Y sé que soy una afortunada.  

Que alguien tenga la decencia de explicarme,  por favor. Que se dignen a explicarme porque coño a mi hermana le duele la vida, a mi madre el alma y a mi padre el corazón.
 ¿Que me digan porque?

¿Habéis estado en el INEM? ¿Habéis olido a lo que huele allí? ¡A nada¡ ¡Huele a nada y a sudor! Sudor intenso, penetrante, de días. Sencillamente repugnante. Si no te esfuerzas mucho, incluso puedes pillar el tifus en esas sillas  para esperar turnos. Turnos vacíos. Turnos de nada. Voy. Cada vez que tengo que ir, voy. Y siempre para nada. ¡Hay nada, allí hay nada¡ Llevas en paro cuatro años, pero si por lo que sea, pierdes la antigüedad al no tikar la mierda de papel esa, el ordenador que contiene la nada de miles de personas, dice que ya no llevas en paro más que dos días. ¡Ja! Vamos a reírnos todos un rato, por favor. Es eso, o  meterle fuego a las oficinas. Fuego purificador. ¡Vendetta!

¡Y más tele ¡ Procuro ver sólo canales sesudos como DIvity, pero de cuando en cuando, se cuela en mi salón alguno de  esos ineficaces políticos y gente docta, que invaden impunemente mi casa, para decirme lo que tengo y no tengo  que hacer. Que Utilizan el sufrimiento ajeno para elaborar arengas lacrimógenas que nos convenzan de que lo que nos sugieren  ellos es lo  justo y necesario. Eterna lucha entre fuertes y débiles.  Los débiles son débiles. No pueden defenderse, ¡malnacidos¡ Porque si no , os sacarían los ojos .

Y vosotros, Usureros de mierda; que podéis permitiros  ir a Disneylandia cuatro veces por cada uno de vuestros cuatro hijos, y, mantenéis interna, con un miserable sueldo,  a una mujer a la que no le queda otra desgraciada y desesperante opción, que dejar a los suyos en su país, para que con la miseria que le pagáis por limpiar los mocos de vuestros  insufribles vástagos, pueda ofrecer un futuro medio digno a su familia.  ¡Ojala se os caigan las manos cuando firméis el próximo cheque!

Y que no puedo verte llorar más. No sé quién eres, y a veces creo que no quiero saberlo,  pero me matas con tus labios mal pintados y tus ojos llorosos ya por las mañanas, camino de no sé dónde. De vuelta de a saber que.
¿Qué te pasa? ¿Qué o Quién te daña de esa manera tan cruel? ¡Vete ya mujer! Vete de donde te tengas que ir, que vas a morir de pena. No quiero volver a verte. Y vístete con  un pantalón por una vez,  abrígate con  un jersey. ¡Que te mueres de frio, criatura¡ Y nos hielas el alma con tu tristeza.

Y a ti, guarro, puerco, cerdo…que si te pica la polla ráscate o mejor; arráncatela. Deja ya en paz a esa adolescente boba que se pasea por todo el pueblo buscando amigos. ¡Que la dejes de una puta vez! Vas a su caza y captura descaradamente. Lo sabemos todos. Lo vemos todos. Todos menos los ciegos e irresponsables de sus padres que permiten que su hija, corta de luces a todas luces, salga a la calle vestida como una puta. ¡Hablad con ella! Estamos a tiempo. Sacarla de las calles donde menos amigos, va a encontrar cualquier desgracia. ¡Estamos a tiempo!

Que todos queremos abandonar el pasado en la cuneta del olvido, y olvidar también el camino que nos llevó a ella. Que deseamos avanzar, crecen en cuerpo y alma. Amar y que nos amen. Deseamos la escasa oportunidad de ser buenos. Bondadosos con ellos y sobre todo  con nosotros.  Anhelamos dormir. Sin más. Y soñar que el viento marea los rizos de nuestros hijos suavemente. Y que alguien henchido de amor, los mira desde la distancia, esperando su turno. Que no queremos sentir ni presenciar más desamores, más engaños, mas traiciones, más dolor. Ni podemos con más  perdidas, ni más cambios, ni más desembarcos en los que la resignación y la debilidad nos roben las maletas  cargada de nuestros mejores yo.

 Que ya está bien.
 Que vivimos  muriendo de miedo, con prudencia para emborrachar, y más susto del que se pueda digerir.

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